No es una pantalla cinematográfica, ni un lienzo, pero podría convertirse en una saga, una serie, un videoclip o un tríptico. Es un escenario. Una obra de arte, un capricho de la naturaleza, y la respuesta de una sociedad que la contempla. Una sociedad miope, que presume de gafas, pero su visión es tan limitada, como limitada e imposible sería definir la inconmensurable hermosura que desviste el horizonte de Puerto Madero.
Son las ocho de la mañana. Un sábado soleado de otoño. Una doméstica entra al domicilio de una señora elegante, muy formal, pero tan cálida como una estufa en pleno invierno. Su simpatía comparte recuerdos, evoca a sus antepasados, mezclas finas, exquisitas, selectas, y elegidas que poco o nada tienen que ver con la palabra colonización.
Su biblioteca es tan larga, ancha y profunda como los diques que circundan el puerto. La doméstica intuye mientras limpia sobre lo limpio -de una geografía indiscutiblemente académica- que su contratante es escritora, profesora o diplomática, y que quizás en las próximas limpiezas tendrá la osadía de pedirle prestada alguna de esas joyas que brillan en una estantería imponente e impoluta.
Es una señora muy ocupada. Una llamada telefónica, y otra más. Puede que también sea una artista plástica. La doméstica no sabe el nombre de la menuda mujer que cada tanto tararea una canción con esfuerzo. Es una musicalidad que instiga a olvidar o a escapar. Una vez más el teléfono, y más autores aparecen como ensortijados en mesitas de noche, mesas de living, y del baño. Mucha cultura en tan pocos metros cuadrados. Aunque al azar, gratamente sorpresiva por la diversidad de sus autores. Clásicos y contemporáneos, como duendes también contemplando Puerto Madero.
La doméstica fue contratada por cuatro horas, pero el espacio es tan reducido y limpio que en tres remataría su jornada. Decide hacer una pausa y comer unas frutas durante cinco minutos en la cocina a la que entra poseída por un paisaje seductor y eterno que la invita sin vacilar a sentarse en el moderno balcón para disfrutar de la función.
Una doméstica contempla Puerto Madero, sentada, serena, suspendida. Presiente que será la última vez que lo mire desde ese ángulo. En breve será despedida por mirar, pero poco le importa, y se entrega. Astigmatismo e hipermetropía desaparecen, y una flamante vista entra a escena con la lucidez natural de los astros que colorean esta bahía citadina que bien pudiera presumir por bella, memorable, gloriosa, pero que por su grandeza se muestra frágil, divertida, apasionada y loca, como una sabana habitada, admirada y contemplada por todos.
Pasa el tiempo entre las cuatro estaciones de un reloj posiblemente sin cuerda.
Si miro el fondo de los meses arrancados al pie de mis almanaques, puedo ver la cara sin maquillaje de la eternidad, aunque asegurando estar a punto de llegar al final de este camino entre sombras y recreos de poca luz.
No recuerdo con exactitud la cifra de este rodaje donde giro una y otra vez en la misma dirección cuadrada de mi cueva numerada y vigilada sin fecha de descanso. Siempre la misma rutina y yo firme, parada sobre una marcha andariega de cemento y bajo cámaras persiguiéndome hasta el agua donde lavo las manchas de mi sonrisa. Y sin embargo poco me importa.
Sigo andando, jugando a sobrevivir, corriendo tras la suerte que gambetea mis intentos de llegar a la victoria o al menos a un empate que empareje mis derrotas con su dicha. Pero no. Sigo en desventaja.
Yo transpiro mi camiseta en silencio, no me doy por vencida ni aún vencida. Corro desde mi línea de imposibilidades hasta la valla invicta del adversario y grito un gol sin pelota que atraviesa la red de mis noches en desvelo. Festejo en el adentro de mis emociones una libertad a medida de mis deseos y lloro la euforia de un corazón ingenuo que ama sin pausa, late por instinto suceptible y sufre maternal sin lágrimas ni testigos.
Soy aquella mujer que llora, la que pide a Dios por noches tranquilas y serenas y por un amanecer de sol que bendiga la frente del niño lejano a estos duros cimientos del nuevo día por enfrentar.
Soy la mujer marcada por el código intachable de la lealtad. No me gusta la mentira y detesto la hipocresía. A veces no creo en nada ni en nadie, solo en mi cruz de sangre y en la verdad total implorada en mi oración por la libertad.
En este universo enrejado de esperas soy mi propio brillo y la luz de luna sin cielo acobijando deseos encerrados por el gris invierno. En este altar de esperanza sito entre cuatro paredes de soledad y sal, supo aparecer un ángel benévolo en busca de mi costado más roto. Entró y quiso sentarse, hablar de aquellas ilusiones inalcanzables por el pronóstico de la coherencia pero que sirvieron para un motivo por el cual no caer. Hablamos de mis fracasos y de aquello que no pudo ser, de las postergaciones y la urgencia de ternura necesaria al complemento de todo ser humano. Escuché casi toda la noche su voz de niño angelado, abracé sus alas con mi llanto y entendí el idioma de los milagros. Nadie lo supo, excepto el oído de mi almohada. Yo descrubrí los ríos de amor en el torrente de sus ojos y puse nombre a su imagen y semejanza en permanencia conmigo, justo cuando ya nada quedaba para mi delgada estadía sobre esta tierra.
Entonces lo llamé Gabriel, le di significacdo bíblico a su estadía en mis vacíos y volví a abrazarlo con la fortaleza maternal, que hasta yo misma desconocía hasta ese momento. Sintió mis manos, se acostó en el regazo de mi cariño acuartelado, acarició mi pelo sin reglas de arreglo. Descubrió el cuadro sin marco del dolor tras la negra superficie de mis ojeras. Me dormí brevemente sobre un lecho de paz y desperté a la llegada del alba. Él seguía allí llenando mis tantos vacíos. A los minutos, sus alas parecían sacudir los techos en cada mínimo movimiento. Miró otra vez mis ojos como si todas las flores de la tierra entrasen en una sola mirada.
Extendió sus manos, me observó por última vez cuando la transparencia invisible de su túnica se aprestaba a ganar los senderos del cielo y dulcemente me dijo: Madre…
El mediodía del domingo en los presidios huele a banquete antiguo rememorado desde el teléfono o la resignación. Finalmente desperté como preguntándome y buscando razón al todo que hasta hoy la misma vida no sabe explicar.
Cuando partió el tren que llevaba a los funcionarios, un gran debate surgió dentro de mí. Irme con ellos, marcharme yo también o proseguir sin embargo mi tarea, con el riesgo que ello implica. He decidido, y quizás me cueste la vida, quedarme a contemplar el naufragio Continúa leyendo LA PESTE – Capítulo 20
La viuda todas las tardes cierra la puerta de su casa, dobla en la esquina, procura no ser descubierta, cruza la calle y se sienta a ver la ciudad morir. Vestida de negro con el pelo recogido y las manos cruzadas sobre la falda, contempla ese amanecer del infierno, un infierno infinitamente más benévolo que el de su casa Continúa leyendo LA PESTE – Capítulo 19
El chico de los ojos grandes siente los ruidos de su madre saliendo al patio de la vieja casona de San Telmo. Por fuera el candado y restos de cal y por dentro los pasos mudos de la madre buscando el té que deja secar del día anterior. Por fuera el silencio, por dentro ruidos casi imperceptibles. Es una desgracia madrugar en medio de la peste, apenas el rocío termina de cubrir los cadáveres y otros elementos del paisaje Continúa leyendo LA PESTE – Capítulo 18
¿Quién va a trabajar en el puerto ahora que los portuarios se pudren en la tierra, el aire o el agua? ¿A quién le toca el traje de esclavo ahora que los negros mueren de a puñados? No quedan ni carpinteros que hagan ataúdes Continúa leyendo LA PESTE – Capítulo 17
La noche es larga, demasiada larga e inmensa. El chico de los grandes ojos no puede cerrarlos, no puede conciliar el sueño, esta tarde una mujer se atravesó en su vida Continúa leyendo LA PESTE – Capítulo 16
El vómito negro está en toda la ciudad, el vómito negro corre por los adoquines, entra a las casas, invade las vidas de los ciudadanos de bien y de los otros, se pega a la ropa, a las ollas y manteles, incluso invade el sueño Continúa leyendo LA PESTE – Capítulo 15
Cuando el ocaso se cierra en los conventillos del puerto, meten a los empujones a algún infectado al coche y parten al viejo hospital italiano, el improvisado lazareto. Detrás de las ventanas de grandes arcos algunos ojos apuestan sobre la cantidad de recién llegados, tanto en el coche de la Comisión como en los de la Policía Continúa leyendo LA PESTE – Capítulo 14
Desde que el presidente Sarmiento, su gabinete, funcionarios provinciales y otros animalejos menores abandonaron el barco, sólo la Comisión Popular y algunos saqueadores se atreven a caminar por las calles. La comisión es la única especie de gobierno posible, si de algo servía gobernar y tener el poder en una ciudad de muertos y apestados Continúa leyendo LA PESTE – Capítulo 13
Once de marzo. El Norte, como suele suceder, usa su derecho de admisión y prohíbe la inhumación de cuerpos infectados con la peste. Recoleta no es para inmigrantes y pobres. El cementerio del oeste es abierto a pala, kilómetros y kilómetros de tierra fresca para recibir los cuerpos, que llegan de a cientos Continúa leyendo LA PESTE – Capítulo 12
Accedemos por la ventana sin esperar nada y las experiencias nos sorprenden por lo extremadamente singulares, por la novedad que significan en la práctica humana que vivimos. En los espacios culturales nos acostumbramos a lo siempre parecido y finalmente nos convertimos en consumidores y clientes del bucle original.
Así, otra vez, cuando pensé que Mendoza no tenía para tanto, un loco vino y me invitó a cubrir un evento cerca de la casa. Yo siempre acepto pero pensé que no llegaba. Viajaba justo a una provincia cercana y volví sobre la hora, y como no tenía nada para hacer…
Fue cuando la noche se empezó a cerrar en mi cabeza. La calle Maipú parecía desierta, antes habían estado reconstruyéndola y pareciera que los autos se acostumbraron a evitarla. Llegué a tiempo, solo y sin cámara, el celular sin batería. Había un silencio incómodo entre los murmullos crecientes, mi silencio rodeado de pendejos, buenas pibas y pibes de la city. Algunos no tenían ni 20 años. Me pusieron un corazón en la mano como entrada y un portón de chapa se abrió.
Tuve que esperar en el patio como los mortales y comencé temprano en la cerveza, como para ser productivo: una IPA enlatada, lo menos industrial de mi día después de la comida.
Un chico filmaba con una Nikon y preguntaba a los grupitos que había afuera «¿Qué sentís por El Lorenzo?». Todos amaban, suspiraban, decían cosas hermosas, admiraban, decían que tenían un póster tamaño real en la puerta de su habitación o que se querían tatuar algún tema. A mí ni me miró.
Yo lo vi a El Lorenzo una vez y estuvo bueno. Fue breve, simple, y al rato me fui a casa. No había mirado el gentío de los fans, la subcultura que se guardaba debajo del brazo el pibe de las Experiences.
Las Experiences son como un evento privado, un toque de música exclusivo, que se resguarda en las paredes de algún lugar cualquiera, con un cupo casi imposible, notablemente limitado. Ahí toca El Lorenzo, que hace tremendo lío, se cubre con una frazada, se calza una falda, se ríe, grita y salta, y en el medio canta, cuando lo dejan… Es que su público, su gente, no me acuerdo como es que él les dice, se sabe todos los temas, parece un ritual de locos lindos, una tribu esquizofrénicamente deliciosa que hace pogo antes de que suene cualquier ruido y entona arriba del cantante. Es una verdadera experiencia, bastante extraña, ligada al fanatismo religioso y a la experiencia ritual de la música de la nueva era.
Me sentía, ante eso, extremadamente solo, era una locura de soledad, había unas pocas decenas de personas tan compenetradas que daba envidia. Yo quería saber cómo era que seguía llorando ese pibe que cantaba, cuál era el sabor de las lágrimas, de dónde salía esa devoción del rito experimental que se guardaba en las letras, los sonidos y la ruptura de la escena, que pedía gritos, quería saber de dónde venían las luces de los ojos. Y yo tomaba otra cerveza, la lata más barata a esa altura de la noche y la misma noche se me fue perdiendo.
Recuerdo que cumplí los ritos del saludo, la amenaza de que iba a escribir lo que quisiera y me fui con otra lata a ver qué pasaba en los bares de La Alameda.
La Experience II se realizó el 9 de julio de 2022 en la sala Ana Frank de Mendoza
Por Mayrin Moreno Macías.- Marcelo Bustos dejó la abogacía por la mecánica. Es un apasionado de lo que hace. Se siente realizado. Más allá de que pueda generarle uno que otro dolor de cabeza, contratiempos o rabietas, esta emoción no la cambia por nada. Los autos son su cable a tierra. Además cuenta con un plus: hace cinco años es docente de mecánica en el CCT 6-039 Guillermo Catalán.
En un galpón de Remedios de Escalada al 300 se encuentra su taller. Estaban armando un Peugeot 206 de 16 válvulas con turbo. Marcelo, además de hacer servicio del automotor, tiene como hobbie preparar autos de cuarto de milla, de picada, de carrera y karting. Ya tiene una trayectoria de más de 20 años en la parte mecánica y deportiva, y 4 años en karting. Se hizo aficionado porque su hijo de 17 años corre y él lo acompaña en todo lo que pueda. “El año pasado se le escapó el campeonato de karting por 5 puntos. Hizo una gran temporada. Arrancamos como un hobbie y después se hizo más competitivo. Aprendí la mecánica de los kartings, invertimos dinero y tiempo. Lo hago porque es mi hijo y me apasiona”… Continúa leyendo EMPRENDEDORES | Marcelo Bustos, un apasionado de la mecánica y la docencia
Por Celeste Napoleón.- Una amiga me preguntaba “Cele, ¿por qué ese nombre que le has puesto a lo que escribís?”. Me pareció una buena pregunta, pues no mucha gente me la ha hecho. ¿Será que aún no logro el millón de seguidorxs y compartidas? Río sola.
Bueno, la historia es la siguiente. Amo mucho a una banda que se llama Pulp. Su cantante, Jarvis Cocker, a quien admiro un montón, compuso una canción llamada justamente “Common people”, inspirada en una compañera que había ido a estudiar a Inglaterra y que tenía padres millonarios. Él estudiaba Cine y ella Artes Visuales, pero la universidad tenía un programa que exigía que durante 15 días hicieran otra materia de alguna de las carreras, y así fue como ambos terminaron en Escultura. Durante un descanso fueron a tomar un café y la piba le dijo que quería vivir en Hanckey y ser como la gente “normal”, “común”. Años después, fantásticamente Jarvis retomaría esa pequeña historia para intentar darle una respuesta a ella, y explicarle por qué su deseo nunca sería una buena idea… Continúa leyendo Sobre la “Common People”
Por María Teresa Canelones Fernández.- ¡Era tan libre que seducía! Se llamaba Aldo Chapuci y tenía 50 años. Yo tenía 25 y acababa de salir de una relación de concubinato en la que el aburrimiento y la frigidez habían sido las constantes silenciosas. Chapuci tenía una personalidad arrolladora, era licenciado en letras y siempre que podía hacia alarde de su impecable manejo del lenguaje, lo que muchas veces debo admitir, rayaba en pedantería e incomodaba a propios y extraños. Pero yo ante tanta admiración hacia caso omiso al asunto y continuaba idealizándolo.
Me decía a mí misma: Es un jodedor de oficio producto de su elevado coeficiente intelectual. Todo el mundo sabe que la gente inteligente tiene un gran sentido del humor, y en eso, mi todopoderoso no es la excepción… Continúa leyendo CUENTO | Chapuci
Por María Elena Izuel.- Los verdaderos dueños de estas tierras eran los indígenas, destacándose en San Rafael la familia de los Goico que, como dice Narciso Sosa Morales, “tan meritoria actuación tuvieron entre nosotros”. Desde 1780 Marcos Goico, “cacique de una importante y numerosa tribu, actuó al lado de los blancos. Corpulento, valiente, era de singular estatura y llegó a superar los 100 años. El nombre Goico simbolizó un vínculo sano en medio de la barbarie de tierra adentro”.
A la muerte de Marcos le sucedió su hijo Vicente y al morir éste, su hermano Juan. Ambos fueron figuras conocidas en la ciudad de Mendoza. Vicente fue ahijado del comandante José Félix Aldao y apoyándolo, en el combate de Las Aucas, encontró la muerte junto a los hombres de su tribu, en lucha contra las tropas pincheirinas. Su hermano Juan le sucedió y siguió junto al comandante Aldao en la Campaña del Desierto en 1833… Continúa leyendo HISTORIA LOCAL | Los dueños de la tierra
Por Yurimia Boscán.- Viajera amorosa de los sueños, María Teresa Torres (María Te) es una mujer-sonrisa que habla con los ojos, ama la libertad, se conecta con los niños desde un cable mágico de corazón a corazón, milita en la canción con compromiso y tiene como templo la poesía de los cantores de los pueblos. Formada en la vieja escuela de la amistad cómplice y leal, tiene grandes hectáreas cultivadas con las querencias amigas… Como somos tantos, ella nos bebe de a sorbitos, tal como dice Sabines que se debe beber la luna… Continúa leyendo DE NORTE A SUR | María Teresa Torres
Por Mayrin Moreno Macías.- “A reinventarnos sin perder el rumbo”, dice Sonnia de Monte. Hace unos días fue convocada como dramaturga al espacio virtual “Yendo de la escena al living”. Valeria Bruna, una actriz puntana, se hizo cargo de actuar el monólogo y a Sonnia le resultó muy gratificante su trabajo, su emoción e interpretación.
Por suerte, a Sonnia le tocó un tema “muy caro” para ella: trenes. No desaprovechó el momento e hizo un reclamo. “Soy parte de una generación y de un pueblo que perdió el tren y perdió demasiado, como tantos otros pueblos en el país. No es casual que cada intendente, gobernador y demás en sus campañas, generalmente mentirosas, echen mano a la promesa de recuperar el tren. Hasta hoy, ese medio de unión, que es un servicio y no una empresa, sigue solo en el recuerdo y en las campañas engañosas. Algo de esto plantea el monólogo”… Continúa leyendo Sonnia De Monte: “Parece que lxs artistas no tuvieran DNI ni necesidades”
Por Msc. Miriam Macías.- El ser humano es un ente holográfico: la parte abarca al todo, la información del cuerpo está contenida en cada célula y el pie es un mapa del organismo. En los pies están proyectados, por vía refleja, todos los órganos, glándulas y partes del cuerpo. Al respecto, el angiólogo milanés profesor Giancamillo Donadi expresó que «los pies son nuestro primer punto vital. El pie asume en sí una afinidad de prerrogativas de las que solo somos conscientes cuando, a causa de un dolor, falta la libertad de movimiento».
En efecto, debido a que los pies son las zonas reflejas más sensitivas y receptivas del cuerpo humano (cada pie posee 7.000 terminaciones nerviosas), requieren de una estimulación adecuada, que contribuya a optimizar sus funciones vitales… Continúa leyendo LA BUENA VIDA | ¿Para qué sirve la reflexología podal?
Las Pastillas del Abuelo, una banda que trajo la literatura nuevamente a las letras del rock: el recitado de poesía, las intertextualidades de nuevo toman lugar en la escena rockera. El título es una referencia directa a la obra de Henry James. Nos sumerge en un mundo literario. La letra comienza haciendo referencia a la eterna lucha con el tiempo, vivir con el reloj en la mano, cumpliendo horarios y siguiendo la rutina diaria y temporal.
“Y queda una vuelta de tuerca más,/puede que un tanto lo efímero/sea cuestión de practicar/efímero para mí lo que para otro un sueño”… Continúa leyendo LAS LETRAS DEL ROCK | “Otra vuelta de tuerca más”
Por Mayrin Moreno Macías.- Un show en vivo de Bruno Giglio es un grito en el cielo. Aunque varíe la intensidad de la velada, es un punto de conexión con el todo. La música es su lenguaje y su canal de expresión. Lo ayuda a conocerse, a conectar con el pasado, el futuro y el más allá. Por estos días trabaja en su próximo disco. Una especie de “Subcultura 2”. Ya lo tiene encaminado y eso lo embriaga de felicidad.
Su forma de hacer música es intuitiva. Aprende de las cosas que escucha, de la gente que conoce, de lo que va probando. Cada día incorpora cosas nuevas, aunque sea a paso de tortuga. “Uso el teclado y la guitarra para componer, a veces tarareo y voy haciendo melodías. A veces solo en mi cabeza voy imaginando canciones y después las paso a la guitarra. Uso la computadora hace ya algunos años para bajar las ideas apenas me van convenciendo, y a veces para jugar y probar qué sale, aunque eso último menos que antes, supongo. Ahora estoy tratando de tener las canciones un poco más completas en la guitarra antes de empezar a producirlas”, dice este músico nacido en 1986, que estudió Cine y que dibuja de vez en cuando… Continúa leyendo Bruno Giglio tiene encaminado su nuevo disco y eso lo embriaga de felicidad
¿Has escuchado antes este nombre? ¡Seguro que sí! Pero ¿quién fue la cacica María Josefa Roco? Muchos saben que fue una mujer aborigen, que vivió hace muchos años en San Rafael y… hasta ahí, porque su vida ha estado oculta a la luz de la Historia por mucho tiempo.
Yo comencé a investigar sobre su pasado tras un pedido de la Asociación de Mujeres de Negocios y Profesionales (AMNIP) de San Rafael, que le pusieron su nombre a su Asociación, pero nadie sabía darles datos sobre su accionar.
Tanto leí sobre su vida, una vida tan rica y valiosa, que sin querer me enamoré del personaje, creo que eso le ocurre a muchos escritores cuando comienzan a investigar sobre alguien del pasado. Cuanto más los conocen, más los admiran. Y he aquí de lo que me enteré, que ahora se los comparto para que todos la admiren, como lo hago yo:
Representación de la cacica María Josefa Roco hecha por la artista Belén Burzichelli a encargo de la profesora María Elena Izuel
Nació, tal vez, en 1766, en las tolderías del Campanario, donde vivían tribus pehuenches provenientes de Chile, que habían cruzado la Cordillera y se habían establecido al este de la misma, en la zona de Malargüe actual.
Sus padres eran caciques: él era el cacique Roco, muy valiente y capaz, y su madre la cacica Güentenao. Ambos habían tenido 3 niñas y un varón. Él, como era costumbre entre los caciques de la tribu, tenía varias esposas y muchos hijos. Estos eran los menores.
En cierto momento los pehuenches, comandados por el gran cacique Ancán Amun, atacaron el fuerte de San Carlos, matando a su comandante y a los 13 hombres que tenía. Por tal motivo, el comandante Amigorena resolvió realizar una campaña de castigo hacia esta tribu, que no le temía a nada. Juntó 600 hombres y marchó hacia el Campanario. Con él iban varios oficiales, entre otros don Miguel Teles Menezes. Antes de arribar a las tolderías, se enteraron de que no estaban ni Roco ni Ancán Amun, ya que habían partido hacia Buenos Aires en uno de sus saqueos. Amigorena atacó la toldería, tal como lo hacían los aborígenes, a las 2 de la mañana, cuando todos estaban entregados al sueño. En la tribu todo fue desorden y miedo, una niña salió corriendo y vio caer a su abuelo muerto por una bala que le dio en el corazón. Ella se aferraba tratando de volverlo a la vida con sus débiles fuerzas, pero no lo logró. Esta niña sería muchos años más tarde la cacica María Josefa Roco y su abuelo era el gran cacique Güentenao, al decir de Amigorena, “el más pillo y sabio de todos”, a quien hubiera deseado llevar vivo ante el Virrey para que le hablara sobre todo lo que sabía.
Después del ataque, encontraron las prendas del Comandante del Fuerte de San Carlos en una toldería. Tomaron prisioneros a las mujeres y niños e iniciaron el regreso a Mendoza. Esta niña, junto con su madre y sus hermanos, iban entre los prisioneros, y muy custodiados pues sabían de su importancia. Es a partir de este momento, año 1780, que comienza la historia de María Josefa. Lo anterior no está escrito, ni siquiera quedó un relato sobre su vida pasada.
Llegan a Mendoza en vísperas de Pascua y, por su importancia, fueron alojados en la casa de Amigorena, donde imagino que participaron de la vida familiar, siempre “como rehenes y no esclavos”, tal como lo manifestó la cacica Güentenao en un documento. La niña era ya Cacica por disposición de su abuelo, seguramente porque vio en ella a un ser especial que se destacaría en el futuro. Sus hermanos no lo eran. Yo pienso que debe haber sido enviada a una escuela para aprender la lengua española, tal vez para escribir un poco, y a catequesis, ya que el 5 de noviembre de 1780 recibió las aguas del bautismo en la Iglesia Matriz de Mendoza. Fue el bautismo de una catecúmena, como designaban a los adultos; debía tener, según el acta de bautismo, alrededor de 16 años, y tomó por nombre María Josefa.
Su madre fue enviada a las tolderías para convencer al esposo de que firmara la paz, pero este tardó un poco en acceder, siempre pedía que le devolvieran a la Cacica, ya que su mano ya estaba en edad de casarse y estaba valuada en 100 pagas, lo que era muchísimo. Finalmente el Cacique accedió. Firmaron la paz y poco después también lo hizo el Cacique Gobernador Ancan Amún. Desde ese momento los pehuenches del Campanario fueron fieles amigos de los mendocinos.
Pasaron varios años hasta que el Virrey dio la orden de ponerla en libertad, para que pudiera casarse. Muchos candidatos vinieron a buscarla, pero ella solo aceptó al cacique Neculgueno, hermano del famoso cacique poeta Currilipi. Se casaron en 1787 y vivieron felices algunos años, hasta que en un documento aparece que “pasó para hacer sus conchabos en Mendoza la cacica María Josefa viuda”. Eso fue en el año 1796, por lo que pienso que el esposo debe haber fallecido poco antes. Los conchabos eran los trueques que hacían los indios, de lo que ellos producían, por granos, yerba, azúcar y telas y puntillas, sobre todo
En otro documento de 1804, vuelve a figurar como viuda, por lo que pienso que volvió a casarse, según un documento, con Antepán Barbas, quien muere en 1802.
La muerte de su padre provocó una sangrienta lucha entre puelches y pehuenches, ya que existía la creencia de que la muerte era provocada por un mal que hacía alguien, quien era señalado por algún enemigo. Su hermano Panichine decía que el culpable era Bartolo Guelecal, de los puelches, y así comenzaron a desangrarse entre ellos. En 1804 la Cacica estaba en Mendoza haciendo sus conchabos, cuando llegó la noticia de que había sido designado Virrey el Marqués de Sobremonte, quien había sido Gobernador Intendente de Córdoba del Tucumán, de la cual dependía Mendoza, y en dos ocasiones había visitado la ciudad de Mendoza, conociendo a la Cacica. Es muy posible que ella fuera la que le preparó las hierbas medicinales que había en la región para que las enviara a Europa, para ser incorporadas a la farmacopea mundial.
Cuando se enteró de la buena nueva, decidió ir a Buenos Aires a pedirle al Virrey que ordenara la fundación de un fuerte, más al sur, para detener la guerra –no entre mendocinos y pehuenches, eso lo había logrado el comandante Amigorena, y en 1799, había paz entre ellos–. Ella deseaba que los hermanos se unieran y trabajaran en paz, ese fue el gran motivo de su viaje. Se lanzó hacia la pampa sin pensar en los peligros, que eran muchos. La acompañaron su hermano Caripan, sus sobrinos María del Carmen y Juan Neculante, algunos conas y dos o tres soldados junto con don Santiago del Cerro y Zamudio, el que se decía descubridor del paso El Planchón. Todos iban montados en caballos, las mujeres pehuenches eran buenas jinetes. Los peligros eran innumerables: fieras como pumas, zorros, yaguaretés; tembladerales, tanto arenales como con agua, y había que transitar solo por las rastrilladas, sendas marcadas por los indios cuando pasaban con el ganado, solo esos eran terrenos firmes. Caían lluvias incesantes y finalmente tribus enemigas, los pampas, que nunca se habían llevado bien con los pehuenches. Pudieron sortear todos los peligros y tras más de un mes de viaje, llegaron a Buenos Aires en los primeros días de octubre de 1804.
El Virrey la hospedó en su casa con su sobrina y el día 3 de octubre concertó una entrevista con el secretario del Consulado en Buenos Aires, don Manuel Belgrano, con quien estuvieron hablando y concertando la construcción del fuerte. El Acta se conserva en el Archivo de Buenos Aires. Estuvo con su comitiva en Buenos Aires durante más de tres meses, hasta que en enero comenzaron el regreso, con una carreta para comprobar si el camino descubierto servía para ese medio, pero lamentablemente la carreta se rompió y debieron dejarla en Tunuyán.
Mientras esta expedición viajaba, el Virrey le había enviado una carta a don Faustino Ansay, comandante de Mendoza, diciéndole que había decidido fundar un fuerte en las juntas del Diamante con el Atuel y que preparara una comisión, que debía poner bajo las órdenes de don Miguel Teles Menezes y como acompañante Fray Inalicán, que había sido pedido por los aborígenes.
En Mendoza se prepararon y esperaron a la expedición de Buenos Aires, pero como esta se retrasó, partieron hacia San Carlos, donde se les unieron gran cantidad de aborígenes amigos y luego de esperar infructuosamente a Esteban Hernández y sus blandengues, que venía al mando de la expedición, partieron hacia el Diamante. Al designar el número de soldados, el Virrey consultó con la Cacica si sería conveniente enviar una expedición de 100 o 200 hombres, pero esta le respondió que solo 10 o 20, por cuanto si era muy numerosa, los indios podrían responder con ataques, pues se sentirían amenazados. Así hizo el Virrey y solo envió una comisión de 20 hombres, que luego de fundar el fuerte seguirían hacia Chile, buscando el paso sin Cordillera que deseaba hallar Sobremonte.
Recién a fines de marzo se encontraron las dos expediciones a orillas del río Diamante. Con la comisión de Buenos Aires venía un geógrafo designado por el Virrey para que ayudara a encontrar las mejores tierras para la fundación: era el geógrafo Jose Sourriere de Sovillac. Mientras esperaba, Teles Menezes recorrió toda la costa del río buscando las tierras más apropiadas, asesorado por los indígenas. Vio que la zona de las Juntas de los ríos Diamante y Atuel (antes se juntaban en la zona de Las Aguaditas) no era apta para la fundación, ya que era baja, inundable, y en la época de crecidas el fuerte quedaría aislado. Al llegar el geógrafo, aprobó lo dispuesto por Teles Menezes y encontró el lugar más apto “en la barranca norte del río, un tantito retirado del río para que este en crecida no se lo pudiera llevar”.
El 1 de abril Teles Menezes realizó, tal como le había ordenado el Virrey, un parlamento con los aborígenes. Había más de 200, entre ellos 21 caciques y 11 capitanejos, para quienes había preparado unos ramadones. Durante el parlamento, Teles les aseguró que no querían quitarles sus tierras, solo les pedían permiso para instalar un fuerte y pasar por los pasos hacia Chile, a lo que estos accedieron y pidieron una iglesia cercana al Fuerte, y que se los evangelizara. Tuvo ocasión la cacica Roco de tomar de un brazo a su hermano Panichine y a Bartolo Guelecal, su gran enemigo, y pedirles que sellaran la paz con un abrazo. Concluido el parlamento, los caciques pidieron a Fray Inalicán que firmara por ellos y se los invitó a comer para el día siguiente.
El 2 de abril de 1804, mientras los aborígenes tenían un festín con yegua asada y vino, Teles y sus capitanes, acompañados del geógrafo, se dirigieron hacia la margen del río y ahí plantó su grafómetro, dejando de esa sencilla forma fundado el fuerte.
Croquis del Fuerte San Rafael del Diamante
Las frecuentes visitas de caciques amigos al fuerte no permitieron comenzar las obras rápidamente y les faltaba algo fundamental en ese momento: tener paja de trigo para incorporarla a la masa de barro y hacer los adobones más resistentes, ya que iban a construir un fuerte de mayor firmeza con adobones crudos, no un fortín de palos con mangrullo, como los de la pampa. De todos modos, como era abril y hasta enero no se tendría la cosecha de trigo, decidieron construir un fuerte de palo a pique para mayor protección, ya que solo contaban con las simples tiendas de campaña, que al menor viento se rompían, y en esa época los vientos eran muy fuertes.
La Cacica, después de la fundación y mientras se construía el fuerte, regresó al Campanario y a Los Molles, donde tenía sus caballos. En el mes de mayo llegó al fuerte el artillero Tomás González, originario de Cádiz, pero procedente de Buenos Aires, donde había conocido a la sobrina de la Cacica y venía para casarse con ella.
Una vez que se construyeron casitas fuera del fuerte, la Cacica con su sobrina vinieron a instalarse en forma definitiva. Viajó en varias oportunidades a sus conchabos a Mendoza y también a ver a sus caballos a Los Molles.
Participó en varios parlamentos, pero siempre en aquellos donde se buscaba la paz, nunca en los que se trataban asuntos de guerra. El último parlamento del cual hay noticias fue en 1829 en Mendoza, donde firmó una vergonzosa paz con los Pincheira, se le reconoció el título de Coronel a José Antonio y se acordó que se les daría subvención para que defendieran Mendoza. Se sabe que al regreso de este Parlamento se indispuso y luego nada más.
¿Cuándo y cómo murió? No lo sé, es un misterio, pero por un dato geográfico que existe, yo he deducido que puede haber muerto junto a un pequeño arroyo que vuelca sus aguas en el Diamante, al sur de San Carlos, ya que este arroyo lleva su nombre.
Esto es lo que he podido averiguar. ¿Tuvo hijos? Creo que no. Si tuvo, murieron pequeños, porque en ningún documento hablan de hijos de la Cacica. Sobrinos sí, pero no hijos.
Esta mujer, fuerte, de gran temple, en una época en que la mujer era dejada a un costado y más si era mujer aborigen, tuvo importante gravitación en la historia mendocina y sanrafaelina en especial, ya que ella fue la gestora del fuerte. Gracias a ella hubo paz durante muchos años, logró que se pacificaran las tribus y dejaran de desangrarse.
Conoció al general Belgrano y fue amiga del general San Martín, a quien le hizo un gran favor, cuando este le pidió, al visitarla en Mendoza, que fuera a ver a su hermano Panichine al Campanario para pedirle que ayudara a la revolución, y este así lo hizo, permaneciendo fiel al Ejército Libertador.
¿Verdad que hice bien en recuperar su historia? ¿En sacarla del anonimato y del olvido? ¿En hacérselas conocer? ¡ES UNA BELLA HISTORIA!
Por Mayrin Moreno Macías.- La revancha más dulce llegó con “Goles de Forlán”. Fernando Jara concentró toda su energía en esta canción. Unos días antes de ver el adelanto del videoclip, que presentó este jueves por las redes, sanó viejas heridas. Todo empezó cuando tenía 13 años. El desliz por llegar tarde a la escuela no fue perdonado. Su profesor de Comunicación Social, al verlo entrar por la puerta, le preguntó: “¿Qué piensa usted de la vida, Jara? Siempre con la misma ‘pachorra’, pensando en dormir. Usted no tiene capacidad para comunicar nada, Jara”. Negro, como le dicen a Fernando, sintió un puñal entre las risas y el bullicio de los compañeros. Pero hoy, la revancha más dulce llegó con “Goles de Forlán”… Trae fuego “pa’ prender todo a la mierda y que caiga el puto imperio”… Continúa leyendo Negro Jara trae fuego y hip hop pa’ prender todo
Prolífico, premiado, querido, Hayao Miyazaki es un director, animador, ilustrador y productor japonés de cine y series de animación. Infantiles, en principio, pero como pasa con las buenas películas y series, a las suyas las terminan amando casi todos, sin importar la edad.
Porque construye -con varios estilos de dibujo manga- universos fantásticos, hiperrealistas, coloridos, con personajes complejos y muchísimas vertientes y disparadores de imaginación; a los que contrapone con la realidad, desde perspectivas políticas, feministas, pacifistas y ecologistas.
«El animador debe crear una mentira que parezca real para que los espectadores piensen que un mundo dibujado podría existir» es una de sus máximas. Y sin dudas, así sucede en su filmografía.
Otra: no hacer secuelas. Prefiere «evitar el camino fácil», según dijo.
Por Mayrin Moreno Macías.- Marcelo Bustos dejó la abogacía por la mecánica. Es un apasionado de lo que hace. Se siente realizado. Más allá de que pueda generarle uno que otro dolor de cabeza, contratiempos o rabietas, esta emoción no la cambia por nada. Los autos son su cable a tierra. Además cuenta con un plus: hace cinco años es docente de mecánica en el CCT 6-039 Guillermo Catalán.
En un galpón de Remedios de Escalada al 300 se encuentra su taller. Estaban armando un Peugeot 206 de 16 válvulas con turbo. Marcelo, además de hacer servicio del automotor, tiene como hobbie preparar autos de cuarto de milla, de picada, de carrera y karting. Ya tiene una trayectoria de más de 20 años en la parte mecánica y deportiva, y 4 años en karting. Se hizo aficionado porque su hijo de 17 años corre y él lo acompaña en todo lo que pueda. “El año pasado se le escapó el campeonato de karting por 5 puntos. Hizo una gran temporada. Arrancamos como un hobbie y después se hizo más competitivo. Aprendí la mecánica de los kartings, invertimos dinero y tiempo. Lo hago porque es mi hijo y me apasiona”… Continúa leyendo EMPRENDEDORES | Marcelo Bustos, un apasionado de la mecánica y la docencia
Por Mayrin Moreno Macías.- La cocina es una fiesta de olores. Cuando Ligiane Souza enciende la hornalla, siente que no hay problemas. No piensa en nada triste. Ella solo vibra en amor. “A veces no sabemos cómo comunicar el amor y la comida es una buena manera de transmitirlo. Me satisface cuando alguien come algo que preparé con mucho cariño”, dice.
Mientras aderezaba la carne, el ingrediente principal del Strogonoff, por la ventana se asomó Renzo, el delivery. Venía por unos pedidos. Antes ya había preparado Feijoada. Estos platos son muy populares en Brasil. “La carne debe quedar bien cocida. Un poquito de nuez moscada le dará gusto”, expresa. Ligiane bajó el fuego y empezó a engalanar las viandas. Todo el amor que le puso a esa comida lo simboliza en una rama de perejil celosamente elegida. Es el toque final. “Amoooor, aquí va el amoooor”, dice la creadora de Comida Brasileira… Continúa leyendo EMPRENDEDORES | La “comida brasileira” llegó a San Rafael
Por Mayrin Moreno Macías.- Si los miras, sonríen. Con sus narices largas y sus orejas puntiagudas siempre andan risueños o cantando o tocando un instrumento. Así son los duendes de Germán Castillo y Alejandra Torres, poseen un “no sé qué” que cautiva. “Un duendecito en casa es una linda compañía. Muchos los tienen entre las plantas, algunos dentro del hogar para que los ayuden en sus labores y otros los llenan de moneditas y caramelos. Lo importante es que siempre haya un intercambio de energía, porque eso es lo que somos, ¡ENERGÍA!”, dice Germán… Continúa leyendo EMPRENDEDORES | Los duendes de Germán y Alejandra
Por Mayrin Moreno Macías.- Pintar y dibujar… el cable a tierra de Flor Camargo. Para ella significan mucho más que un instante: son emoción, llevar la sensibilidad a otro nivel, una forma de sentir y expresar la vida. “En todo lo que hago existe el arte, desde comunicarme, cuando redacto el epígrafe de alguna de mis obras en redes sociales, hasta plasmar en un boceto lo que hay en mi mente para luego transportarlo a un lienzo, en este caso, la piel”, dice Continúa leyendo EMPRENDEDORES | Flor Camargo lleva la pintura corporal a un nivel superior
Por Mayrin Moreno Macías.- “Con la cuarentena me ha llegado cada flequillo…”, dice Tomás Dubka con una sonrisa mientras prepara un té de hierbas y otro de menta. “Pero me hace feliz que puedan venir a que se los arregle. Que la gente se sienta bien es el motor que me anima a seguir trabajando. Esa buena energía que transmiten las personas cuando salen de acá. Que se sientan bien consigo mismas, está rebueno”… Continúa leyendo EMPRENDEDORES | Le Tomì tiene el corte ideal para cada tipo de rostro
Por Gretel Freidemberg.- Caleidoscopio suena a palabra mágica y me remite, invariablemente, al juego. Del griego Kalós, significa bella, éidos, imagen, y scopéo, observar. Es un instrumento óptico de estructura sencilla, se compone de un tubo cuyo interior contiene tres espejos que forman un prisma con su parte reflectante en su interior, al extremo de los cuales se encuentran dos láminas traslúcidas entre las cuales hay varios objetos de colores y formas diferentes, cuyas imágenes se ven multiplicadas simétricamente al ir girando el tubo mientras se mira por el extremo opuesto.
Genera un efecto fascinante, dando como resultado una explosión de formas y colores. Nos muestra la posibilidad de girar nuestra visión sobre una realidad, en definitiva: multiplicar los enfoques. De allí parte el nombre de nuestra sección en la Revista Kilómetro Cero: “Hábitat Caleidoscópico”, y es un claro ejemplo de la diversidad de miradas que tenemos sobre un mismo tema. En este tiempo transcurrido se ha transformado en un ejercicio de retroalimentación y estímulo… Continúa leyendo Caleidoscopio
Por Mariana Bollati.- La luz se mueve contantemente, sobre todo si hablamos de luz natural. En un aparente movimiento del sol, las montañas cambian de aspecto, cambia su forma y color. Los interiores generan diferentes percepciones espaciales, temperatura corporal, emociones, aunque no sean conscientes.
¿Te ha pasado alguna vez de estar en casa, por ejemplo, y alguien que viene desde el exterior te prende la luz y recién en ese preciso instante te das cuenta de cuánto la estabas necesitando pero no lo habías notado? Y por ende, mucho menos podrías haber notado lo que esa falta de luz te estaba provocando a nivel físico y emocional… Continúa leyendo De la luz a la forma. Neuroarquitectura
Por Mauro Barchiesi.- Los territorios urbanos se encuentran completamente intervenidos por diferentes elementos que le dan forma y que a su vez son el reflejo de distintas tradiciones culturales que se entremezclan, lo que de alguna manera genera nuevas formas de interpretar el entorno habitado. La mayoría de los territorios que fueron elegidos para fundar ciudades, ya estaban habitados por comunidades que mantenían otro tipo de relación con el entorno, aunque esa relación no se ve reflejada directamente por elementos físicos, construcciones, etc… Continúa leyendo Territorio y diversidad cultural
Por Martín Rusca.- «La casa de las tres palmeras»: así llamaba yo a una vivienda sobre Deán Funes, una casa italianizante, integrada al paisaje moldeado por los pioneros de nuestro oasis. El tiempo la fue matando despacio y la semana pasada descubrí que ya no estaba. Aún puedo verla en mis dibujos o por Street view, y eso hace que sea más triste todavía. No es necesario que me ponga a enumerar la cantidad de casas, bodegas, almacenes y hasta hospitales que han sido demolidos sin cuestionamientos en nuestra ciudad. Pienso en cómo podemos construir nuestra identidad como sociedad si muchos de los pilares que la fundaban están extintos o en proceso de extinción. Me frustro y pienso que por ahí me equivoco, que hay que mirar para adelante solamente, pero no puedo, me resulta estéril una vida sin la experiencia del pasado… Continúa leyendo El progreso es aprender: entrevista a una arquitecta argentina en Irlanda
Por Gretel Freidemberg.- 47 al fondo, olor a mandarina en el aire. El cielo se tiñe de lila, mientras que algunas flores caen por el suelo y van formando una cubierta sutilmente delgada pero uniforme. Las flores rosas contrastan con el verde del follaje y los troncos de los palos borrachos que se encuentran unos pasos más allá. Finalmente, el olor a humedad intenso. Intenso como mis últimos días, al mismo tiempo que me conecta con mis raíces. Dice la frase que uno siempre vuelve a los lugares donde fue feliz. Hoy voy camino a La Plata, ciudad de las diagonales.
La Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) se encuentra ubicada en la calle 47 de la ciudad, cuyo acceso se sitúa al final de la misma: de ahí la expresión “47 al fondo”. Recuerdo el primer camino de tantos que hice por esa calle, embargada de deseos, esperanzas y también algunos miedos; sola, acompañada de amigos, con rollos de papel inmensos, la mochila llena, algunas maquetas, el mate siempre. Y si llovía o había llovido, seguro te mojaba una baldosa floja que al pisarla te dejaba su huella. Paraguas nunca tuve… Continúa leyendo La UNLP y la Arquitectura: «47 al fondo»
Por Mariana Bollati.- ¿Qué relación hay entre ventiladores y ballenas jorobadas? ¿Como se gana una guerra en inferioridad de condiciones contra el enemigo, simplemente imitando la naturaleza? La respuesta rápida es: Biomimética, que refiere directamente con interpretar y emular la vida.
La mejor guía y mentora es la naturaleza, y voy a repetir esta palabra mas de 10 veces en esta nota, porque realmente es la base de todo. La biomimética se ha aplicado a diversas disciplinas, tecnología, medicina, materiales, ingeniería y por supuesto, arquitectura… Continúa leyendo Emular la vida. Biomimética
Por Mauro Barchiesi.- ¿Cuánto dice de nosotros el lugar donde vivimos? ¿De qué manera ese habitar diario se relaciona con nuestras expectativas y exigencias para poder llevar a cabo una vida, o parte de ella? ¿Cómo se va amoldando al paso del tiempo ese cobijo que permite que podamos desde ese lugar proyectarnos hacia el “afuera”? Una casa, una cabaña, el vagón de un tren, un contenedor, una casa rodante, un habitáculo temporal… Cada lugar que es habitado define en gran medida cómo las personas se relacionan entre sí y con el entorno que las rodea.
¿Cuánto de lo que pretendemos como lugar para vivir es impuesto por un imaginario que nada tiene que ver con nuestras exigencias reales? Y, por otro lado, ¿cuánto debería adaptarse al territorio habitado este habitáculo, considerando todas las ventajas que aporta el clima, como así también responder a las inclemencias propias de cada estación?… Continúa leyendo Sobre los modos de habitar
Por Martín Rusca.- Hace 9.400 años en lo que hoy es la Patagonia, puntualmente en el cañón del río Pinturas, un grupo de humanos comenzó a pintar, sobre una serie de cuevas, escenas de caza y de su vida diaria. Distintos sexos y edades se ven plasmadas en impresiones de manos. Animales, seres antropométricos y formas geométricas aparecen diseminados en distintos colores superpuestos durante una interesante cantidad de años. Para ser más precisos, las últimas impresiones están datadas en el 3200 AP, o sea, que las ilustraciones en la pared dialogan entre sí por un periodo de 6.200 años. Los mismos guanacos, las mismas personas, los mismos ritos y las mismas maneras de contarlos durante un periodo de tiempo que supera el de nuestra historia occidental. No solo eso, sino que las últimas ilustraciones no tapan las primeras, sino que las complementan, las completan. Imaginen poder escribir en un pergamino o en la misma pared en la que escribió un habitante de la antigua Mesopotamia y que podamos hablar de las mismas cosas. Hoy voy a hablar de dibujar, al revés de lo que hago generalmente… Continúa leyendo Dibujar